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Método de Siembra
Debido a la germinación tardía (generalmente de 2 a 3 semanas) y el escaso tamaño de las semillas, la siembra directa no ha tenido éxito a nivel comercial en grandes extensiones. Esto se debe a que, para lograr buena y uniforme germinación y altas producciones, se tendrá que mantener, en principio, un balance hídrico optimo hasta casi la superficie ya que las semillas se siembran a 0.5 cm de profundidad. Además, luego habría que hacer grandes aclareos para ajustar las distancias de siembra, y un control riguroso de las malas hierbas, pues el apio compite en desventaja. Todo indica que el método de siembra por trasplante resulta ser el más recomendable, hasta que se desarrollen otras tecnologías agrícolas que justifiquen la siembra directa.

Producción de plántulas o posturas:
Se preparan los semilleros o almácigos tal y como los de Brassicas (repollo, brócoli, cloliflor) y otras olericolas similares. Debe velarse porque el suelo quede bien preparado, pues cualquier aterronamiento limita la germinación, debido al escaso tamaño de las semillas. Conjuntamente con la preparación, se deben aplicar buenas cantidades de abonos orgánicos combinados con abonos químicos donde predomine el nitrógeno.

Se recomienda generalmente sembrar las semillas en hileras distanciadas a 10 – 15 cm, a 4 o 5 mm de profundidad y una densidad de siembra de o.5 a 1 g por m2. Utilizando estas normas de siembra, se espera que con 100 m2 de semilleros se trasplante una hectárea (en un m2 se pueden producir de 700 – 800 plántulas aptas para el trasplante).

Debido a la escasa profundidad de siembra y a la lenta germinación de las semillas de apio, se hace necesario un control hídrico eficaz, lo cual se logra regando diariamente una o dos veces los canteros. Luego de la siembra se deben colocar materiales vegetativos de cobertura, como son paja de arroz, café, hierba seca, etc., para así disminuir la evaporación y mantener húmedo el suelo hasta la capa superficial.

Después de la germinación, los materiales de cobertura se eliminan, pero se continúa el riego con la misma frecuencia y de forma similar, pues las plantas aun son muy débiles y de reducido crecimiento. Inmediatamente después de formarse las primeras hojas verdaderas, los intervalos de riego se llevan a uno o dos días.

La semilla de apio es muy pequeña, con un embrión proporcionalmente reducido, que se desarrolla muy lentamente en las primeras fases de germinación. En muchas ocasiones es preciso embeber las semillas antes de la siembra, lo cual se logra remojándolas bien hasta que se acerque la germinación. De esta manera se logra una germinación simultánea y una uniformidad en las plántulas, lo que mejora su calidad para el trasplante.

Las plántulas estarán listas cuando se hayan formado de cuatro a cinco hojas verdaderas y tenga de 10 a 15 cm de altura. Esto se logra a los 60 – 70 días después de la siembra.

Como en otras olericolas, durante los últimos siete a diez días previos al trasplante, se debe reducir un poco el agua, para acondicionar o “endurecer” las plantas, de tal modo que puedan soportar las nuevas condiciones del campo. En algunas zonas de producción, es común podar la raíz y las hojas al hacer el trasplante; esto, a juicio de algunos autores, no es recomendable, excepto en casos de plántulas muy grandes. En esos casos, la raíz principal se recorta un poco para facilitar el trasplante y estimular el desarrollo de nuevas raíces.

El día de la siembra, el suelo donde se van a trasplantar las plántulas debe estar bien húmedo y los semilleros bien regados la tarde o noche anterior. En algunos casos, regar los semilleros de dos a tres horas antes del trasplante también ha dado buenos resultados. La profundidad del trasplante debe ser hasta la base de las hojas, debiendo cuidarse el que la yema terminal no quede cubierta con tierra.

Distancias de trasplante
Se recomiendan distanciamientos entre plantas de 5 a 20 cm. Esta distancia puede ser mayor o menor según la variedad y la fertilidad del suelo. Entre surcos, el espaciamiento puede ser de 45 a 60 cm, aunque suele aumentarse cuando se realizan aporques de tierra a los lados para blanquear el apio.

Una planta de apio debe ocupar aproximadamente 1,200 cm2. El tipo de explotación agrícola puede condicionar los distanciamientos de siembras, pues en áreas pequeñas, donde no se trabaja con maquinarias, los trasplantes en bandas de 60 + 35 + 35 X 25 cm pueden resultar eficientes. También pueden implementarse satisfactoriamente a 50 + 35 + 35 + 35 X 30 cm, sobre suelos permeables en canteros bajos. Esto asegurara un buen balance hídrico, aunque dificulta el trabajo de maquinaria; de ahí su aplicación en áreas pequeñas.

La producción comercial en gran escala generalmente se hace usando hileras individuales o dobles en bandas, pudiendo resultar satisfactorios los distanciamientos de 60 X 20 cm, 80 + 25 X 25 cm y 50 + 20 X 20 cm.

En algunas regiones, el apio suele también trasplantarse en melgas o eras, las cuales se hacen de 1 a 2 m de ancho.

En la República Dominicana, el cultivo de apio se realiza en la zona de Constanza, con distanciamientos que varian desde 60 a 70 cm entre hileras y de 20 a 25 cm entre plantas. Investigaciones realizadas sobre distancia de siembra en el cultivo de apio en la zona de Constanza, usando la variedad Utah 52 – 70, indican que los distanciamientos que lograron mayor productividad fueron el de 80 X 10 cm, trasplantado a tres hileras por surco; el de 70 X 10 cm, a dos hileras por surco; y el de 90 X 20 cm, a triple hilera. Los rendimientos obtenidos fueron de 123; 79 y 74 t/ha, respectivamente. En lo referente al peso promedio por planta, los mejores resultados se obtuvieron con los distanciamientos de hileras simples 50 X 30 cm, 60 X 20 cm, 60 X 30 cm y 90 X 30 cm. Con estos distanciamientos se obtuvieron 719; 684; 654 y 608 g por planta.

Fertilización
El apio reacciona muy bien ante los aportes de abono orgánico, el cual puede ser tolerado aun sin descomponer, lo que es una ventaja de esta olerícola en comparación con las demás. Los aportes de abono orgánico en las diferentes zonas productoras de apio oscilan entre 30 y 40 t/ha.

Este cultivo es muy exigente en nitrógeno, aunque también son necesarias altas dosis de fosforo y potasio. Dependiendo de la fertilidad del suelo se debe contar con 150 – 200 kg por hectárea de N; 60 -140 kg P2O5 y 110 – 170 kg de K2O.

Se ha determinado que el apio es susceptible ante la falta de boro, magnesio y calcio. La deficiencia del calcio al parecer produce trastorno fisiológico en la planta, que se manifiesta como un ennegrecimiento del cogollo, con necrosis marginal de la hoja. Cuando hay deficiencia en boro, se produce la fractura de las fibras vasculares en los peciolos, que se asemejan a grietas transversales ennegrecidas. Con menos de 0.35 ppm de boro en el suelo, se manifiestan manchas negras en las raíces carnosas. La deficiencia en magnesio se traduce en clorosis.

La deficiencia en calcio puede corregirse asperjando 2.5 kg de nitrato de calcio en 378 litros de agua, a intervalos de 7 a 10 días. El magnesio se puede aplicar agregando 4 kg de sulfato de magnesio (sal de Epson) por hectárea, al material fungicida.

Para prevenir las consecuencias que trae la deficiencia de boro en el suelo, las plantas pueden asperjarse con una solución de borato de magnesio al 1%. En suelos que contengan menos de o.35 ppm de boro soluble en agua caliente, este se debe aplicar en forma de bórax a razón de 20 a 40 kg por hectárea. Esto servirá como correctivo durante cuatro a cinco años (4 – 8kg de Borax/año).

En Panamá se recomienda abonar con la formula 6 – 24 – 24 al momento del trasplante, o un mes después. La aplicación debe ser en bandas o alrededor de la planta. De acurdo con la fertilidad del suelo en aquel país, se aplican de 1,500 a 2,000 kg/ha de fertilizantes minerales, basados en la correlación 1:1:1 (pudiendo utilizarse las formulas 8-9-12 ó 10-10-10), y en la última escarda se debe suministrar un abono nitrogenado, que podría ser nitrato de amonio en dosis de 200 kg/ha. La cantidad básica de fertilizante mineral se aplica usando 600 a 800 kg/ha una semana antes del trasplante y de 900 a 1,200 kg/ha durante la segunda semana.

En la zona del Caribe americano se recomienda aplicar un fertilizante formula 10-10-5 durante el trasplante, repitiéndose la aplicación cuatro semanas después. A las seis semanas se debe suministrar Sulfato de Amonio.

En la zona de Constanza, donde se cultiva casi la totalidad del apio dominicano, la mayoría de los productores aplican de 1.5 a 2.0 qq/ta de la formula 15-15-15, a las dos o tres semanas después del trasplante. La aplicación se hace en forma de bandas paralelas a las hileras de siembra. Transcurridas dos o tres semanas se aplica urea al voleo, en dosis de 20-30 lb/ta.


Riego
El poco desarrollo y la disposición superficial de las raíces hacen que el apio sea muy exigente en humedad. Tanto la sequia como los riegos irregulares promueven marcadamente la disminución de la calidad, tanto de las raíces comestibles como la de los peciolos y hojas. Las irregularidades en el riego o las deficiencias hídricas tienden a aumentar el porcentaje de raíces carnosas con la enfermedad denominada “Corazón Negro”.

Dependiendo del suelo y otros factores, se deben realizar riegos con frecuencia de tres a ocho días, tanto por aspersión como por gravedad.

Uso de Hormonas o Fitorreguladores
- Nombre Químico: Ácido Giberélico
- Nombre Común: Ácido Giberélico, GA3
- Nombre Comercial: Berelex (ICI), Gib – Tabs (Elanco), Gib – Sol (Elanco), Pro – Gibb (Abbott)

Las características, propiedades fisiológicas y bioquímicas se discutieron en el cultivo de lechuga. En el cultivo del apio sirve para aumentar la longitud de los peciolos y se suele aplicar en concentraciones de 25 a 50 ppm, una a cuatro semanas antes de la recolección.

Blanqueado de los peciolos de apio
Se recomienda iniciar las labores para el blanqueado, cuando las plantas están completamente desarrolladas. Se procede oscureciendo los peciolos con tablas, tierra, papel, vainas de palmáceas (yagua), etc. Se logra también de una manera artificial, sometiendo las plantas después de cosechadas a un medio con gas de etileno, en una proporción de una parte por 10,000 de aire y a 10º C. El blanqueamiento tiende a que los peciolos sean tiernos, de buen sabor y de buena presentación. En varios casos, el blanqueado se inicia aporcando las plantas con tierra, de tal forma que se hace más efectiva colocando tablas de 20 cm de alto al lado de las hileras para que así la tierra permanezca a buena altura y no se deslice. De esta forma, el blanqueado se completa en diez a quince días.

Algunos horticultores realizan la operación del blanqueado, amarrando las hojas del apio casi todas juntas en la parte superior, con hilos o materiales similares. Esto se hace en el momento en que las plantas hayan alcanzado suficiente desarrollo. Inmediatamente después, se realiza un primer aporque que cubrirá cerca de un 1/3 de la planta. Transcurrida una semana o diez días se hace un segundo aporque, de tal manera que se cubran las 2/3 partes de la planta y siete a ocho días después se hace un último aporque que cubra casi totalmente las plantas. Bajo tales condiciones, las plantas permanecerán de tres a cuatro semanas para luego cosecharse, pues para tal época se habrán tornado blancas y estarán aptas para mercadear.

También se obtiene un buen blanqueado colocando sobre las plantas ramitas de arboles, cubiertas de papel grueso, o corona, de bambú, por periodos similares a los señalados. La operación del blanqueado debe hacerse en periodos frescos y secos, ya que en épocas calientes y húmedas las plantas pueden ser afectadas por pudriciones y diversas enfermedades.

En los Estados Unidos, predominan los tipos de apio verde que no necesitan blanquearse, pues estos son tiernos, de buen sabor, de peciolos gruesos, y tienen mayor demanda, sustituyendo así a los amarillos.
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